Tampoco han faltado las películas que se han ayudado de los objetos, o mejor dicho, de su acumulación desmesurada y metódica, para plasmar la obsesión que atenaza a determinado personaje, o como síntoma de un enfermizo anhelo de posesión y control que va más allá de lo material y anecdótico, y que a menudo se ha asociado a una mente criminal. Tal era el caso del clásico de William Wyler “El coleccionista” o de “El viaje de Felicia” de Atom Egoyan, por poner dos ejemplos que ahora me vienen a la cabeza. Ese afán recopilatorio también se dejaba ver en los títulos de crédito del aún cercano debut en la dirección del actor Liev Schreiber, “Everything is illuminated (Todo está iluminado)” —de nuevo, tendrán que acudir al apartado “Feature Titles” de la web del estudio responsable para ver el vídeo—.

Aquí el impulso coleccionista de Elijah Wood surgía de una necesidad de preservar la memoria familiar e histórica, de la búsqueda desesperada de unas raíces; circunstancia que no podría haber sido expresada de una forma mejor que como se hizo: a través de la imagen de unos insectos encapsulados en ámbar y de una exposición de retratos antiguos que aparecen convenientemente colgados a lo largo de un extenso mapa —¿a quién le cuesta adivinar que, además, hay un viaje por medio?—. Otras veces, las pertenencias adquieren estatus de bienes o trofeos, se convierten en el vanaglorioso testimonio de éxitos pasados o presentes, como ocurre en la exhibicionista introducción de “Semi-Pro” —pulsen en “The Work” para acceder a ella—, una comedia deportiva todavía pendiente de estreno en España, protagonizada de nuevo por Ferrell. Las fotografías vuelven a ser las estrellas, pero con un sentido y dentro de un marco —además literal— bien distintos. O también puede ser que la repetición de un mismo motivo se deba, simple y llanamente, a que el objeto en cuestión es el protagonista del propio título de la cinta, caso de la monotemática presentación de “La bufanda verde”. Bueno, o a eso, o a que el presupuesto no daba más de sí, y suerte que la abuela del director era aficionada al punto-media. En cualquier caso, los podrán tachar de sosos, pero nunca de fríos.

Ya habíamos visto también cómo objetos en principio anodinos eran capaces de representar simbólicamente el tema o argumento de una cinta, haciendo suya esa máxima de que una imagen vale más que mil palabras —o, en este caso, más que mil acciones—. Una muestra todavía más gráfica, aunque desde luego mucho menos sutil y perspicaz —¡no le pidan peras a una comedia romántica al servicio de Lindsay Lohan!—, se halla en la animosa entrada de “Devuélveme mi suerte”. A ver, a ver… ¿Qué podríamos esperarnos en los títulos de crédito de una película que, como su propio nombre indica, gira alrededor de la suerte? Pues faltaría más: un trébol de cuatro hojas, un llavero hecho con una pata de conejo, monedas, dados, una herradura, un salero derramado, un gato negro o una escalera. ¡La imaginación al poder! En otros títulos de crédito, sin embargo, los objetos combinan ambas vertientes, la descriptiva y la simbólica; funcionan al mismo tiempo como posesiones personales, reflejo de un determinado ambiente y resumen o adelanto de la trama. Dentro de esta categoría “mixta” tenemos la animación de aires retro, chic pero algo insípida, que daba paso a “Desenfocado” o el desfile un tanto kitsch de personajes, objetos y escenarios que precede a la colombiana “Paraiso travel”.

A menudo también sucede que una única cosa es a la vez símbolo y protagonista de la acción. Sin ir muy lejos, la trayectoria de una bala, desde su proceso de fabricación hasta el fatídico momento en que encuentra a su destinatario último, se encargaba de abrir, de forma tan brillante como rotunda, la crítica “El señor de la guerra” —En realidad, la “carrera armamentística” en los títulos de crédito daría para hablar largo y tendido (tan largo y tendido, de hecho, como lo están sus víctimas). Por citar tan sólo dos ejemplos más, en “El mañana nunca muere”, además de relojes y circuitos, teníamos que las balas se fusionaban con esculturales siluetas de chicas (ya de por sí bastante “cosificadas” en las películas de James Bond, todo hay que decirlo), mientras que en la última entrega de la saga, “Casino Royale”, Daniel Craig flotaba entre pistolas que disparaban figuras surgidas de una baraja de póquer—. Algo muy parecido pasa con la sofisticada y original cortinilla de “Devil’s drug”, realizada mediante animación digital: Una tarjeta de crédito, una raya de cocaína y un tubito para esnifar son los encargados de presentarnos a los responsables de este documental sobre la droga. De todas formas, bastaría con echarle un vistazo a esta escena del “Bitelchus” de Tim Burton para convencernos de que los objetos son cualquier cosa (ja-ja) menos inertes y pasivos. Menos da una piedra, oiga.
Viene de:
- Títulos de crédito (I): La seguridad de los objetos (I): Del escritorio al trastero pasando por el comedor
- Títulos de crédito (II): La seguridad de los objetos (II): Del tocador a la cocina pasando por el ropero, o “ese rico universo femenino”
En las imágenes: Detalle de los títulos de crédito de “Everything is illuminated (Todo está iluminado)” © 2005 Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Devuélveme mi suerte” © 2006 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Paraiso travel” © 2008 Paraiso Pictures. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Casino Royale” © 2006 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “El señor de la guerra” © 2005 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Devil’s drug” © 2006 Suspicious Packaging. Todos los derechos reservados.
Los de “El señor de la guerra” se han convertido ya en un clásico. Y aunque no tan elaborados y menos conocidos, también me gustan los de “Devil’s drug”. En general, eso de aprovechar el propio elemento como soporte de los rótulos de los créditos siempre me ha gustado. Los de “Casino Royale” yo creo que mejoraron mucho con respecto a anteriores entregas, eran más elegantes.
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¡Que bien que está esta serie! Me han parecido curiosos los del señor de la guerra, y de los de Bond, que decir, todo un clásico. Los creditos de Desenfocado pintaban bien, pero si que se quedan algo sosos en su intento de copiar a las películas de los 60, pero mezclando imágenes sesenteras con otras mas cincuenteras , además de que para ese tipo de créditos pega mejor algo de Henry Mancini jeje.
Y que bueno ver otra vez la escena de Beetlejuice, ya casi no me acordaba de nada, con lo que me gustaba esta peli de pequeño.
Saludos!!