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Miércoles 5 Diciembre 2007

Sylvester Stallone tiene pelusa, y no nos referimos precisamente a la que se acumula en su ombligo. Ese hombretón hipervitaminado, esa bestia parda castigadora de la jungla, ese púgil para el que se inventó el quintilátero —porque las cuatro cuerdas se le quedaban cortas—, nos ha cogido celos. Se queja del exceso de atención que le deparamos hace días a la polifacética vena artística de Christopher Walken. El protagonista de las sagas de “Rambo” y “Rocky” dice que él también canta, baila y escribe guiones de películas ganadoras del Oscar®. Y lo peor es que no miente. Pero no se vayan a creer que su incursión en la música es pavo de moco. Estamos hablando de una prometedora carrera que lamentablemente decidió aparcar cuando se dio cuenta de que lo suyo era… la interpretación…

En su faceta como vocalista, Sly se ha rodeado siempre de profesionales y ha actuado ante las audiencias más prestigiosas y exigentes, como cuando en 1980 cantó en directo en el show de los Teleñecos, tal y como se puede comprobar en el siguiente vídeo. Por si les cuesta localizarlo, Stallone es el que menos músculos faciales mueve; los otros son peluches. Sus pinitos dentro de la canción, sin embargo, tuvieron lugar “a cara tapada”. Y es que Stallone puede presumir de ocupar un lugar a la altura de gente como John Williams, Howard Shore o Jerry Goldsmith en el mundo de las bandas sonoras. En 1978, Stallone interpretó el tema que acompañaba a los títulos de crédito de la película “La cocina del infierno”, en los que también aparece correteando por los tejados a cámara lenta. Obviamente, el rotundo éxito que obtuvo con su actuación junto a la Rana Gustavo, Gonzo y compañía fue tal que en 1984 Bob Clark lo fichó para protagonizar una comedia musical con nombre de anti-mucolítico, “Rhinestone”, donde interpretaba a un taxista barriobajero convertido en forzado cantante de country por una apuesta.

Para que se hagan a la idea del nivel de la producción, sepan que Dolly Parton, esa mujer que ha pasado a la Historia por dar nombre a una oveja clonada de un seno, le daba la réplica. Stallone, que es muy largo aparte de alto, aparecía disfrazado con un mapache muerto en la cabeza y un traje con hombreras precursor del look Locomía, a ver si así la gente quedaba insensibilizada ante tamaña avalancha de horterismo y pasaba por alto sus berridos. Con todo, es imposible no percatarse del estilo que imprime a ese estereotipado baile conocido popularmente con el nombre de “¿Hay algún lavabo cerca?”. Como en toda comedia musical que se precie, en esta nuestro héroe también experimentaba un espectacular ascenso en su trayectoria encima de los escenarios, lo que traducido significa que los números musicales iban cada vez a más en su puesta en escena… a más caspa, se entiende. Por tanto, la película culminaba con —¿cómo describirlo?— un atentado de colores, luces y sonidos capaz de provocar desprendimientos de retina y convulsiones epilépticas entre los espectadores más sensibles. La calidad del vídeo es mugrienta, pero como que ya acompaña a los contenidos.

En las imágenes: Sylvester Stallone en “The muppet show” - Copyright © 1980 The Jim Henson Company, ATV, HA y ITC. Todos los derechos reservados. Fotogramas de “Rhinestone” Copyright © 1984 Twentieth Century Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados.