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Martes 27 Mayo 2008

Como bien señalaba Crunch en los comentarios del anterior post sobre las películas, series de televisión y videojuegos que habían calcado las claves estéticas y argumentales de Indiana Jones, uno se pregunta hasta qué punto se les puede reprochar a este tipo de productos su naturaleza de fotocopias, sucedáneos baratos y vulgares refritos nacidos al rebufo del éxito de la saga original, cuando en realidad la tal saga en cuestión, a decir verdad, no sólo tenía bien poco de original, sino que ella misma es el resultado de un cóctel de influencias que en muchas ocasiones traspasan la categoría de homenaje y se acercan al más descarado arte del corta-pega-y-colorea-que-a-ver-si-cuela. Como reza el dicho, quien roba a un ladrón… Los propios Spielberg y Lucas han admitido, al menos por lo que se refiere a determinados aspectos de su obra, que durante su gestación llegaron a quemar los cabezales del vídeo revisando películas antiguas en busca de inspiración, convertidos ellos mismos en arqueológos a la caza de tesoros ocultos. Esto es como el efecto iceberg: imagínense lo que no admiten. Mientras que en las webs que enlazaba ayer se han dedicado a señalar con el dedo a los hijos copiones de Indy, en Cinematical, precisamente, se hacen eco de las raíces y fuentes de Indiana Jones, tanto de los créditos reconocidos por sus responsables como de otras probables referencias que manejaron, analizando de paso los elementos concretos que tomaron prestados de cada película. Yo, para que no se diga, les añado unos vídeos que así lo atestiguan.

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La desmitificación del icono empieza, irónicamente, por una de sus más emblemáticas señas de identidad. Y es que el característico atuendo (sombrero y cazadora de piel) que ha quedado indefectiblemente asociado al personaje, no deja de ser una apropiación, además sin grandes variaciones, como salta a la vista, del guardarropía que Charlton Heston ya lució por partida doble en 1954 en “El secreto de los incas” (vídeo) y en la aún más popular “Cuando ruge la marabunta”, en tanto que su complemento sado-maso, el látigo, y más concretamente su particular uso, lo heredaría de algunos seriales televisivos de los años 30 dentro del subgénero de capa y espada, como “Zorro rides again” (vídeo) y “La legión del Zorro” (vídeo). Las demandas de paternidad se multiplican si dejamos a un lado el look más superficial del héroe y nos detenemos a desgranar la cosecha de conceptos ajenos que acumula la saga dentro de la trayectoria del género. Así, mientras que algunas producciones de los 40 como, por ejemplo, “Perils of Nyoka” (vídeo), “Secret service in darkest Africa” y “La mujer tigre” (vídeo) se encuentran en la base de la tradición de las aventuras en la jungla, uno de los precedentes que más y de manera más obvia han marcado a Indiana Jones es el clásico de 1950 protagonizado por Stewart Granger y Deborah Kerr “Las minas del Rey Salomón” (vídeo). Curiosamente, ayer comentábamos que una adaptación posterior de esta novela de H. Rider Haggard era uno de los calcos más descarados de las aventuras del popular arqueólogo; ya tenemos la paradoja del pez que se muerde la cola.

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Algo similar ocurre en el caso de otros largometrajes señeros como “El tigre de Snapur” (vídeo) y “La tumba india” (vídeo), de Fritz Lang, o “El tesoro de Sierra Madre” (vídeo), de John Huston, de los que Lucas y Spielberg se sirvieron en bandeja muchos de los ingredientes y rasgos que conforman la dinámica argumental, el universo paisajístico y el estilo narrativo de su franquicia, adjudicándole además a “Only angels have wings” (vídeo), una cinta que Howard Hawks dirigió en 1939 y que tenía a Cary Grant como principal intérprete, el papel de primer borrador o germen de Indiana. Por otro lado, la influencia que ejercieron títulos como la épica “Gunda Din” (vídeo) o el western de John Ford “La diligencia” (vídeos) va mucho más lejos todavía, convirtiéndose en piezas clave para la construcción de determinadas secuencias. Por supuesto, la última entrega tampoco se libra de los homenajes ni del saqueo de ideas. Ahí tenemos, sin necesidad de rebuscar demasiado, a un Shia LaBeouf convertido en un remedo del motorizado Marlon Brando de “¡Salvaje!” (vídeo) o el uso que se hace de la arena en cierta escena, directamente sacada de “Tierra de faraones”, también de Hawks (vídeo). De hecho, sospecho que la lista que recogen en Cinematical aún se queda corta. Sea como fuere, la realidad siempre termina superando a la ficción, y, entre los progenitores intelectuales del Doctor Jones, tampoco hay que olvidar al arqueólogo nazi Otto Rahn, cuya pintoresca historia real inspiró al héroe interpretado por Harrison Ford.

En las imágenes: Fotograma de “El secreto de los incas” © 1954 Paramount Pictures, National Broadcasting Company y Darker Images Video. Todos los derechos reservados. Imagen de “Las minas del Rey Salomón” © 1950 Metro-Goldwyn-Mayer y Loew’s Incorporated. Todos los derechos reservados. Fotograma de “El tesoro de Sierra Madre” © 1948 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

Lunes 26 Mayo 2008

Aprovechando el estreno mundial de “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, algunas webs han coincidido en publicar una recopilación de aquellas películas, series de televisión y videojuegos que, tras el éxito arrollador que experimentó la saga en los 80, se dedicaron a copiar, a lo largo de esos mismos años y durante las décadas siguientes, su aventurero concepto e icónico imaginario, además de, cómo no, presentar a unos heroicos protagonistas que no eran sino claros remedos del original —en muchos casos, por no faltarles, no les faltaba ni su mítico sombrero, ni, por supuesto, su particular vestimenta a lo Coronel Tapiocca—. Algunos de estos productos —entre los que, no se vayan a pensar, se encuentran unos cuantos triunfos comerciales y otras propuestas de sobra conocidas que se han ganado sus propios adeptos— no dudaron incluso a la hora de calcar el estilo de los carteles obra de Drew Struzan, llegando a acompañarse de sintonías sospechosamente similares a la inconfundible banda sonora compuesta por John Williams. En ocasiones, su deuda más que ineludible con la creación de George Lucas y Steven Spielberg aparecía reconocida de algún modo en el propio título.

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En Fanboy.com, por ejemplo, titulan este catálogo de plagios e hijos bastardos “Hall of shame”, e incluyen dentro de él el videoclip de Duran Duran “Hungry like the wolf” —aunque yo a esto más bien lo llamaría homenaje—, la popular cinta de aventuras estelarizada por Michael Douglas y Kathleen Turner “Tras el corazón verde”, la serie japonesa de animación “Montana Jones”, las también televisivas “Cuentos del mono de oro” —¡qué de recuerdos!— y “Traedlos vivos”, y la versión que del clásico “Las minas del Rey Salomón” rodaron Richard Chamberlain y Sharon Stone a las órdenes de J. Lee Thompson. Topless Robot, por su parte, añade a las mencionadas, los videojuegos “Earnest Evans” y “Tomb Raider” —junto con, obviamente, las traslaciones al cine de este último que sirvieron para el lucimiento, más anatómico que interpretativo, de Angelina Jolie—, y el anime “Explorer woman Ray”, mientras que desde Los Angeles Times también apuntan como candidatas a la lista de refritos y fotocopias “Firewalker” —un largometraje al servicio del sin par Chuck Norris que volvía a tener a Lee Thompson en la dirección—, la aún reciente “Sahara” —más recordada por el affaire entre Penélope Cruz y Matthew McConaughey que por su calidad como entretenimiento—, la franquicia de “The mummy (La momia)” y “Relic hunter”. Si hacen clic en los enlaces en negrita podrán ver los tráilers y títulos de crédito correspondientes.

En la imagen: Cartel de “Tras el corazón verde” © 1984 Twentieth Century-Fox Film Corporation y El Corazon Producciones S.A. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Montana Jones” © 1994 Studio Junio. Carátula del DVD de “Cuentos del mono de oro” © 1982. Todos los derechos reservados. Belisarius Productions y Universal TV. Todos los derechos reservados.

Miércoles 12 Marzo 2008

Varias décadas antes de que los palabras tunning y tuneo entraran a formar parte del vocabulario popular, en Estados Unidos ya existía un concepto similar conocido como hot-rod (sírvase con o sin guión según el gusto), y que no consistía en otra cosa más que en la personalización de los vehículos motorizados, no sólo para que tuvieran un aspecto único y distintivo acorde con el estilo de su dueño, sino, sobre todo, enfocada a la manipulación del motor con la intención de que alcanzaran más velocidad. Aunque el fenómeno del hot rod despegó en la década de los 30, experimentó su mayor auge entre los años 50 y 60, cuando la juventud norteamericana se lanzó a manipular sus automóviles y a protagonizar sus particulares competiciones en el asfalto. Ni que decir tiene que la sociedad puritana de la época vio aquello como otra manifestación más del Demonio, al igual que el rock and roll y la televisión.

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El cine no se mantuvo ajeno a esta fiebre e inauguró así un subgénero llamado hot rod movies, que en español no son ni más ni menos que las típicas películas de coches y carreras. Estas cintas, normalmente de bajo presupuesto, estaban dirigidas principalmente al público juvenil, que se sentía identificado y seducido por el mensaje de libertad, rebeldía, competición, marginalidad, reafirmación y peligro que suele asociarse a la velocidad y a la gasolina. Buena parte de sus monotemáticos y amarillistas títulos incluían la palabra “hot rod”, mientras que las tramas, protagonizadas igualmente por adolescentes o post-adolescentes y muy estereotipadas, por lo general giraban en torno a rivalidades entre machos o bandas, conflictos generacionales y amorosos, delincuencia y accidentes. En fin, que junto a la acción sobre ruedas, ya fuera en forma de carreras o de persecuciones, no faltaban otro tipo de emociones fuertes, y abundaban todo tipo de curvas. A menudo los coches eran sustituidos o estaban acompañados por motocicletas o motos. En consonancia con sus salvajes ingredientes, los carteles con que se anunciaban eran potentes y llamativos, tanto por sus crispadas imágenes como por las sensacionalistas frases promocionales que utilizaban. Solían seguir dos líneas: la buenrollista, donde el centro de atención era alguna tía buena que daba la salida a los vehículos o se contoneaba entre los conductores; y la malrollista, en los que aparecían peleas, chicas malas, colisiones y persecuciones.

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Algunos largometrajes representativos de esta corriente fueron producciones como “Hot rod rumble”, “Hot car girl”, “Hot-rod girl”, “The choppers”, “Hot rods to Hell”, “Teenage thunder”, “High school hellcats”, “Thunder road” (escrita, protagonizada y producida por nada menos que Robert Mitchum) o “T-Bird gang”, entre muchos otros, si bien las cintas más famosas y más comerciales ligadas a este movimiento las encontramos en dos clásicos como “Rebelde sin causa”, protagonizada por James Dean, y “American graffiti” de George Lucas. Si quieren continuar por esta misma carretera, en Astounding B Monster y The Video Beat encontrarán una lista de los largometrajes más emblemáticos de la carrocería hot rod. Y no dejen de contemplar los divertidos pósters que se hallan disponibles CineMasterpieces, Movie Poster Service y Go Kat Go. Por último, merece la pena echarle un vistazo al interesante cortometraje documental de 1953 “The cool hot rod”: Parte 1 | Parte 2.

En las imágenes: Cartel de “Hot-rod girl” © 1956 Nacirema Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Dragstrip riot” © 1958 Transworld Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Motor psycho” © 1965 Eve Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “The choppers” © 1961 Rushmore Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Hot cars” © 1956 Schenck-Koch Productions y Bel-Air Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Chrome and hot leather” © 1971 AIP. Todos los derechos reservados.

Martes 11 Marzo 2008

En uno de los recientes concursos de retoque fotográfico que organiza regularmente Worth1000, titulado “Historia alternativa”, alguien ha publicado esta imagen del hipotético matrimonio entre Marilyn Monroe y el Presidente John F. Kennedy. Lamentablemente, se comieron juntos el pastel de cumpleaños, pero no llegaron a la tarta de boda y la novia nunca fue Blanca. En otro sobre propaganda antigua, Tom Cruise promueve la Cienciología.

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Hablando de creencias… Un ocioso devoto de “La Guerra de las Galaxias” que considera que un culto religioso no está reñido con otro, ha realizado un impresionante mural donde aparecen los personajes de la antigua trilogía galáctica recreando La Última Cena. Lo laborioso de su hazaña consiste en que la imagen está compuesta por centenares de fotogramas procedentes de dicha saga. El problema es que, conociendo el afán de George Lucas por enriquecerse, en su caso nunca es la última. Mientras, otros ociosos fans, en este caso de “El Señor de los Anillos”, han construido una casa de madera medio enterrada bajo tierra que reproduce la vivienda-agujero de un hobbit. Inspirados por la filosofía hippy-ecologista de Tolkien, esta familia oriunda de Gales te invita a que te sumes a su iniciativa y fundes junto a ellos una gran comuna al estilo de La Comarca.

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Hablando de lo buena que es la hierba de La Comarca… “There will be bud” (que en español se podría haber titulado “Porros de ambición”) es un falso tráiler que parodia la última película de Paul Thomas Anderson. Como habrán adivinado, su protagonista es un remedo del personaje interpretado por Daniel Day-Lewis que ha cambiado los pozos de petróleo por el cultivo de marihuana.

En las imágenes: Portada fictícia de “Life” © 2008 imagarth. Todos los derechos reservados. Detalle del mosaico de “Star Wars” © 2008 Slash Film. Todos los derechos reservados. Fotograma de “There will be bud” © 2008 Benver Droncos. Todos los derechos reservados. Fotografía de una vivienda psedo-hobbit © A Low Impact Woodland Home. Todos los derechos reservados.