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Miércoles 26 Marzo 2008

La misma amplitud y profundidad de miras que el cine ha demostrado a la hora de retratar a las mujeres, han sido trasladadas a los títulos de crédito que intentaban capturar la esencia femenina a través de sus efectos personales y objetos de uso común. Y es que cuando se trata de acercarnos al universo femenino, a lo más íntimo, auténtico y natural de su ser, el tándem nunca falla: tocador, vestuario y fogones son los escenarios habituales desde los que despega la película, y con ella, la vida diaria y todo el posible afán de realización de sus protagonistas. Así, empezando por el subapartado “ellas se emperifollan”, tenemos, por ejemplo, la presumida entrada de “Una rubia muy legal”, en la que Reese Witherspoon se convierte en un claro exponente de la “mentalidad rosa” llevada a extremos paroxísticos. En una línea muy similar se desenvolvía también Elisabeth Shue durante la marchosa avanzadilla del clásico juvenil ochentero “Aventuras en la gran ciudad”, que no rescato por sus valores artísticos, sino por el parentesco de su planteamiento. En cualquier caso, no se puede negar que el recurso de hacer arrancar la trama con tales preparativos y rutinas matutinas previos a la salida a la calle, a ese “enfrentarse a los acontecimientos que vendrán”, resulta de lo más efectivo en términos narrativos: La acción se despierta y se predispone al tiempo que lo hace su protagonista, ¡y ay de aquel que tenga un mal despertar!…

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Tal vez el palo de tales astillas cosméticas se lo tengamos que atribuir, entre otras muestras posibles, a Stanley Kubrick y a su sensual a la par que sobria introducción de “Lolita”, donde un pie desnudo y una mano sosteniendo un pintauñas nos bastaban, censura mediante, para introducirnos en los delicados —en más de un sentido— terrenos de aquella historia servida por Vladimir Nabokov. Un precedente demasiado elegante incluso para unas hijas tan petardas. Claro que, de vez en cuando, también son ellos los que nos son presentados durante su laborioso proceso de acicalamiento personal, como ocurría con un recién levantado Will Ferrell en “Más extraño que la ficción”. Aquí el personaje, más que ser víctima de la tiranía de la moda y de su codiciosa vanidad, lo era de los numéricos designios de una escritora interpretada por Emma Thompson. Ingeniosos, vistosos y funcionales al mismo tiempo. Afortunadamente, estas manitas con las que les escribo, además de ayudarnos a cultivar nuestro físico, también nos sirven para trabajar… y con trabajar no me refiero únicamente a rayarle la Visa al marido: «Así bordaban ellas, así», en los títulos de crédito del exitoso drama de época “Pride & prejudice (Orgullo y prejuicio)”. ¡Que no nos falte nunca ese ajuar, en el nombre de Jane Austen!

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Y hablando de obligaciones femeninas, tampoco debemos olvidarnos de nuestro segundo espacio natural, la cocina. Si en los aposentos nuestras ansias intelectuales reciben plena satisfacción gracias a una insana colección de potingas y a un armario ropero repleto de «nada que ponerme», aquí nos encontramos con nuestros segundos mejores aliados naturales: cazuelas y electrodomésticos. Pocos títulos de crédito han sabido recoger tan bien el imaginario de la fiebre electrodoméstica de los 50 y los 60 como los del remake “Las mujeres perfectas” (véanlos en el apartado “Feature titles”, que no los he encontrado sueltos) —el título de esta sátira habla por sí solo—, que a su vez rendían homenaje a los de la cinta original. Una auténtica delicia. También había algo de eso en la carta de presentación de la más reciente “La ganadora”, aunque en este último caso los quehaceres del ama de casa se mezclaran con ciertas ínfulas feministas impropias de una mujer hacendosa, entregada y humilde, vamos, una mujer «como tiene que ser». Otra maravilla del diseño vintage, esta vez realizada mediante dibujos y animaciones. Ni siquiera Pedro Almodóvar, presunto experto en los entresijos del universo femenino, nos ha librado del estereotipo: joyas, flores, pintalabios y desfile de trapitos en un oportuno papel cuché de inspiración retro para “Mujeres al borde de un ataque de nervios” y zapatos de letales tacones, que rima con cañones, para “Tacones lejanos”.

Viene de:

En las imágenes: Detalle de los títulos de crédito de “Lolita” © 1962 A.A. Productions Ltd., Anya, Seven Arts Productions y Transworld Pictures. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Más extraño que la ficción” © 2006 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Mujeres al borde de un ataque de nervios” © 1988 El Deseo S.A. y Laurenfilm. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Las mujeres perfectas” © UIP. Todos los derechos reservados.

Miércoles 2 Enero 2008

No deja de resultar curioso que mientras que el hitchcockiano anuncio de Freixenet firmado por Martin Scorsese ha obtenido una amplia repercusión en todos los medios —en gran parte debido, desde luego, a la pasta que se han dejado, primero, realizándolo y, después, promocionándolo—, estas pre-Navidades pasadas, época en la que muchas marcas aprovechan para estrenar sus nuevas campañas o comienzan a difundirlas de manera masiva, apenas se haya hablado, en comparación, sobre otros comerciales que también contaban con directores de renombre detrás de las cámaras y que en muchos casos estaban protagonizados asimismo por estrellas sobradamente conocidas. Es más, me temo que algunos de ellos no sólo han pasado sin pena ni gloria por la pequeña pantalla, sino que incluso muchos espectadores deben de haberlos vistos decenas de veces sin saber, y puede que hasta sin reconocer, quién era su responsable.

Empecemos por los dos que a mí me han dejado más indiferente, no porque sean malos o pobretones, sino porque manejan conceptos tan típicos, genéricos e intercambiables dentro de la línea de productos a cuyo consumo promueven, los tan socorridos perfumes, que podrían haber sido realizados perfectamente por cualquier otro mandao. Me refiero al spot de Coco Mademoiselle, que volvió a reunir al director británico Joe Wright con su musa Keira Knightley tras “Orgullo y prejuicio” y Expiación: Más allá de la pasión”, y al de Midnight Poison de Dior, con la bondiana Eva Green a las órdenes de un Wong Kar-Wai que veía cómo su toque personal quedaba bastante más eclipsado que en el cortometraje que le encargaron los de Philips. Mucho más evidente se hace la mano de David Lynch, todo un experto ya en estas lides, en su último anuncio para la fragancia Gucci by Gucci. Y termino con uno de mis favoritos, y probablemente uno de los más populares durante las últimas semanas, el de Martini a cargo de Robert Rodriguez. No es sólo por la glamurosa ambientación retro-cinéfila, porque a “Giorgio” Clooney el blanco y negro le siente tan bien, o por su tono travieso en general. Es que el momento castración practicada al toro de hielo es «magnífico». Y Leonor Varela está de cortar el hipo… y lo que haga falta.

En la imagen: Fotograma del anuncio de Midnight Poison - Copyright © 2007 Dior. Todos los derechos reservados. Fotograma del anuncio de Martini - Copyright © 2007 Martini. Todos los derechos reservados.